Jesús Formigo /ICAL - El poeta salmantino Alberto Martín Pérez
SALAMANCA - CULTURA
Sábado, 7 de Febrero de 2026

La identidad escrita en verso

Vicente Ladislao - El salmantino Alberto Martín Pérez, ganador del I Premio Alumni de Poesía 'Carmen Martín Gaite', concibe la escritura como un espacio de afectos y memoria

A Alberto Martín Pérez la noticia le llegó en una cola administrativa, de esas que parecen diseñadas para poner a prueba la paciencia y el ánimo. Estaba en la puerta de la oficina de Extranjería de la Gran Vía de Salamanca, acompañando a su pareja a realizar un trámite de nacionalidad, cuando decidió mirar el correo electrónico casi por inercia. Allí estaba el mensaje. Su poemario ‘Examen de nacionalidad’ acababa de ganar la primera edición del Premio Alumni de Poesía ‘Carmen Martín Gaite’. El título del libro y el lugar del anuncio cerraban un círculo simbólico que ni el propio autor había imaginado. “Estaba dando botes de alegría”, recuerda. “Fue muy sorprendente, no me lo esperaba”.

Ese instante resume bien la poética y la trayectoria de este joven autor salmantino, nacido en 2002, graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y hoy una de las voces emergentes de la poesía vinculada al ámbito universitario. Su obra no busca la épica ni el gesto grandilocuente, sino que se instala en lo cotidiano, en la experiencia compartida, en los afectos que no figuran en ningún documento oficial pero que, como él mismo defiende, son los que terminan definiendo la identidad de una persona.

El Premio Alumni de Poesía ‘Carmen Martín Gaite’, impulsado por la Asociación Alma Mater Alumni–Universidad de Salamanca, nació en 2025 como parte de los homenajes por el centenario del nacimiento de la escritora salmantina. En su primera edición se presentaron 23 poemarios y el jurado, integrado por representantes del ámbito académico, institucional y literario,  eligió la obra de Alberto Martín Pérez por su solidez, coherencia y sensibilidad. El galardón incluye la publicación del libro en la editorial Cuadernos del Laberinto, la entrega de ejemplares impresos al autor y su difusión a través de las redes culturales y académicas de Alumni–USAL, además de la participación en actos literarios, entrevistas y lecturas públicas.

Para un autor joven, vinculado vital y académicamente a Salamanca, el peso simbólico del premio es doble. “El nombre de Carmen Martín Gaite está ligado aquí a Salamanca, que es la ciudad donde nací, donde me he criado”, explica. “Es importante el reconocimiento a una autora tan importante y, para uno que es salmantino, es una gran alegría porque sientes esa conexión con tu ciudad, con autores que has leído y has admirado. Es un gusto, te llena el corazón”.

Graduado en Filología Hispánica y actualmente estudiante del máster de Teoría de la Literatura y Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, Alberto Martín comenzó a escribir en la adolescencia, casi al mismo tiempo que empezaba a plantearse su futuro académico. “Yo creo que vinieron a la vez”, señala a Ical. “Empecé a escribir con 15 o 16 años y, jugando, ya me empecé a plantear qué estudiar. Filología Hispánica fue una de las opciones y al final fue en la que terminé”.

Esa formación filológica convive en su trayectoria con otra vocación fundamental: el teatro. Ha formado parte de distintos grupos escénicos de Salamanca, como Les Molières o Entre Generaciones y Bambalinas, con los que ha actuado y dirigido obras, muchas de ellas de microteatro y algunas de autoría propia. Actualmente codirige el grupo Entre Generaciones y Bambalinas y dirige el Grupo de Teatro Escolar del Instituto Fray Luis de León, una experiencia que define como intensa y enriquecedora. “Dirigir y escribir teatro es bastante distinto a escribir poesía”, explica, “pero vives muchas anécdotas y todo lo que vives te ayuda luego a la hora de escribir. La poesía también es experiencia”.

Examen de nacionalidad es, en ese sentido, un libro atravesado por la vida cotidiana. Lejos de entender la identidad como un conjunto de pruebas burocráticas o certificaciones oficiales, el poemario propone una idea de pertenencia ligada al cuidado, la memoria compartida y los afectos. El amor, la enfermedad, la huida, la risa y la convivencia aparecen como elementos constitutivos de una ciudadanía íntima, más profunda que cualquier frontera administrativa.

Publicar un libro de poesía supone siempre un ejercicio de exposición, más aún cuando se trata de textos que nacen de lo íntimo. Alberto Martín reconoce que existe ese miedo inicial, pero también un aprendizaje. “Siempre está el miedo de hasta qué punto estoy contando intimidades”, admite. “Pero cuando lo trabajas con tiempo, te das cuenta de qué puedes decir y qué no, o de qué manera puedes decirlo. Puedes publicar una poesía muy confidencial, muy tuya, pero bien trabajada puede estar contando y no contando tus intimidades a la vez. Creo que eso es lo interesante de la poesía”.

En su proceso creativo conviven el impulso y la corrección. “Primero me dejo llevar y luego digo: vamos a ver”, resume. “Tiene que haber ese caos, ese vómito, pero luego también tiene que haber un trabajo detrás, ver qué encaja y qué no. La buena poesía también se observa desde el trabajo y desde la reescritura”.

Cuando se le pregunta si cuesta más escribir desde el dolor o desde la alegría, no duda. “Desde el dolor”, afirma. “Es muy catártico, pero también es más complicado porque mides qué puedes decir, qué no, qué puede destrozarte si lo escribes”. La alegría, en cambio, la celebración, le resultan más accesibles como materia poética. “Yo escribo desde la celebración también, y eso te da muchas posibilidades”.

La ciudad de Salamanca aparece de forma constante como telón de fondo de su trayectoria. No solo como escenario físico, sino como ecosistema cultural. “Es importante que se ofrezcan estas oportunidades”, señala en referencia a los premios literarios y a la implicación de la universidad. “Salamanca es un caldo de cultivo con muchos poetas y artistas con ganas de hacer cosas. Ahora están volviendo los micros abiertos, se están generando eventos, y creo que Salamanca podría ser una potencia cultural. La cultura se tiene que expandir, es lo que nos mantiene vivos”.

Tras la concesión del premio, la agenda de Alberto Martín se ha llenado de presentaciones y encuentros literarios. Ha pasado ya por León y tiene citas programadas en Oviedo, Plasencia, Salamanca y otros municipios, además de eventos poéticos que intenta organizar para mantenerse activo y en contacto con otros creadores. “La promoción ha sido muy importante”, reconoce sobre el apoyo recibido por la Universidad de Salamanca. “Como antiguo alumno y como alumno actual del máster, te abre puertas, te conoce más gente, te leen profesores y estudiantes”.

Pese a este momento de visibilidad, el poeta mantiene una mirada realista sobre el futuro. A la pregunta de si imagina la poesía como única fuente de ingresos, responde con honestidad. “Ojalá poder vivir de esto, pero es muy complicado”, afirma. “La poesía es mi primer oficio, pero siempre he pensado que el poeta tiene que tener un segundo oficio. Eso retroalimenta y ayuda a saber plasmar luego todo en la escritura. El poeta tiene que ser un nómada, una persona que se mueva y que haga algo más. Un poeta nunca puede ser solo poeta, porque si no se estancaría”.

Mientras tanto, ya hay nuevos proyectos en marcha. Un libro en proceso y otras ideas que empiezan a tomar forma acompañan a Examen de nacionalidad en este momento de tránsito, en el que la voz poética se consolida sin perder el vínculo con la experiencia cotidiana que la alimenta.

Como aquel día en la oficina de Extranjería, la poesía de Alberto Martín Pérez parece encontrar sentido en los lugares menos solemnes, en los espacios donde la vida sucede sin avisar. Allí, entre trámites y afectos, se construye una identidad que no necesita sellos ni firmas, solo palabras compartidas.