ICAL - La directora de fotografía Laura Sipán, la cineasta Greta Schiller y el guarda de la Fundación Naturaleza y Hombre Lorenzo García, en una pausa del rodaje de The Land of Azaba
VALLADOLID - CULTURA
Miércoles, 28 de Octubre de 2020

65 Seminci- Greta Schiller: “Nos estamos matando a nosotros mismos con las prácticas agrícolas actuales y quería mostrar que hay una mejor manera”

César Combarros - La cineasta estadounidense grabó durante cuatro años en la reserva biológica salmantina ‘The Land of Azaba’, un documental que se estrena mañana jueves en DOC. España

Durante más de tres décadas, la cineasta norteamericana Greta Schiller ha trabajado para rescatar las historias silenciadas de grupos marginados de todo el mundo, e inscribirlas en el relato de la cultura de nuestro tiempo. Ganadora de dos Premios Emmy, en su haber cuenta con documentales como ‘Before Stonewall’ (que supuso su primera participación en la Seminci hace 36 años), ‘París era una mujer’ (1996, estrenada comercialmente en 16 países, entre ellos España) o ‘The Man Who Drove with Mandela’ (1998, premiada en el Festival de Berlín), entre otras muchas. En 2014 el azar la llevó a descubrir la labor que realiza desde dos décadas atrás realizaba la Fundación Naturaleza y Hombre en la Reserva Biológica de Campanarios de Azaba, en el municipio mirobrigense de La Alamedilla, y el proyecto que allí conoció la cautivó hasta decidir dedicar un lustro de su vida a filmar en ese enclave su nuevo film, ‘The Land of Azaba’, el primer documental que aborda la restauración ecológica como única vía posible para frenar la destrucción masiva que el hombre está haciendo de la biodiversidad. La película se estrena mañana en la 65 Seminci, dentro de la programación de DOC. España, con tres pases en los Cines Broadway a partir de las 21.15 horas, y ella ha hablado con Ical sobre el film.

¿Cómo conoció la Reserva Biologica Campanarios de Azaba, en Salamanca, y qué le impactó como para decidir hacer un documental sobre ella?

Había terminado un cortometraje, ‘The Marion Lake Story’ (2014), sobre cómo una comunidad en torno a un pequeño lago en el estado de Nueva York limpió el lago de especies invasoras y creó un hábitat biodiverso. Quería hacer una investigación más amplia y recibí una beca Global Fulbright para investigar y desarrollar una película en tres partes que analizara la restauración ecológica en tres continentes (Europa, Asia y Australia), cada uno con sus paisajes específicos y, por lo tanto, con enfoques diferentes. Descubrí los Campanarios de Azaba en internet y fui allí en abril de 2014 con un pequeño equipo para filmar escenas de prueba. Me enamoré del lugar, de la gente, de la flora y la fauna, y por suerte filmamos una maravillosa entrevista con Carlos Sánchez, el presidente de la Fundación Naturaleza y Hombre, en el escondite de los buitres mientras esperábamos su llegada. Su pasión e inteligencia me confirmaron que allí era donde quería hacer la película.

El documental arranca denunciando la masacre que el ser humano ha hecho del resto de especies sobre la tierra, pero lo que narra es que revertir la actual situación es posible. ¿Cuáles son las claves para lograrlo?

Primero, la población local debe comprender y aceptar que existe un problema y luego estar motivada para querer mejorar el paisaje. Una cosa que me gusta del enfoque de Campanarios de Azaba es que ven su reserva como un lugar para probar diferentes vías, una especie de laboratorio abierto sobre cómo restaurar; deciden qué funciona y qué no a partir de la prueba y el error, luego crean manuales y brindan consultas con expertos para trabajar con los ranchos circundantes para involucrarlos en el proceso. Muestran hechos, más allá de decir que decir que el uso de estas estrategias ayuda a la tierra, los animales y las personas. El suelo sano y el agua limpia benefician a toda la vida. Los gobiernos de la Unión Europea, a nivel estatal y local, deben caminar de la mano con los propietarios de terrenos privados y públicos para crear los planes y financiar la restauración. La ONU ha declarado que esta es la Década de la Restauración Ecológica. Así que ahora se ha reconocido que el problema es de calado mundial y esto puede ayudar a que se pongan en marcha más proyectos. El primer paso es siempre reconocer que tenemos un problema.

¿Esta película era su forma de lanzar una mirada de optimismo sobre la situación actual?

Hice esta película porque creo que envía un mensaje optimista de que los humanos pueden trabajar para reparar el daño que le han hecho a la tierra. Muchos documentales tienen una premisa pesimista. Literalmente nos estamos matando a nosotros mismos con las prácticas agrícolas actuales y quería mostrar que hay una mejor manera. En mi escritorio guardo un proverbio que dice: ‘Plantas vides y cosechas para ti / Aceitunas para tus hijos / Roble para tus bisnietos’. Para ser optimista hoy hay que tener una visión a largo plazo. Y así abordan el trabajo Carlos y Ana Isabel Osorio en la Fundación.

¿Qué dificultades ha encontrado en el rodaje?

Quería demostrar que este trabajo requiere un gran compromiso, así que tuve que viajar allí para rodar dos veces al año durante cuatro años, para seguir el progreso. La financiación fue difícil de conseguir, ya que no podría decir exactamente qué iba a suceder, y las televisiones especialmente quieren saber el planteamiento, el nudo y el desenlace de antemano. Hablo muy poco español, pero de alguna manera eso me ayudó, ya que necesitaba contar una historia visual. Quiero que la gente se sienta como si estuviera con nosotros, inmersa en ese mundo. Por supuesto, filmamos muchas, muchas más horas de las que caben en un largometraje documental, por lo que transformar el metraje que teníamos en una película llevó mucho tiempo.

¿La gente es consciente de la pérdida de biodiversidad que estamos sufriendo y de lo que eso conlleva?

La gente en general no parece ser tan consciente de la pérdida de biodiversidad, ni de por qué esta pérdida es tan trágica. Espero que la película lleve este problema mundial a la conciencia de más personas.

Recientemente el naturalista y cineasta Joaquín Gutiérrez Acha nos comentaba que la dehesa está enferma y baja en defensas. ¿Está en peligro ese ecosistema?

La dehesa es un ecosistema ‘creado por el hombre’. Durante siglos, la gente desarrolló una forma de utilizar los recursos naturales: los árboles que producen bellotas fueron protegidos y, a su vez, protegieron a los humanos y animales. Fue un sistema sostenible durante mucho tiempo. Pero en el siglo XX, Franco cortó millones de árboles para usarlos como combustible para la industria y, más recientemente, los ganaderos han recibido ayudas basadas en la cantidad de animales de sus explotaciones, algo que derivó en un pastoreo excesivo y llevó a diezmar la tierra. Se plantaron campos de trigo para alimentar a todos estos animales y se utilizó un ciclo insostenible de pesticidas y fertilizantes, que envenenaron la tierra y el agua. Ahora vemos que se forman desiertos y si España permite que esto continúe, no podrán alimentar a su gente.

¿Qué le parece el trabajo que está desarrollando la Fundación Naturaleza y Hombre?

Estoy de acuerdo con el jurado de la XIII edición de los Premios mundiales Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad, que en 2018 les otorgaron el galardón medioambiental por su labor. Están haciendo un trabajo realmente crucial para sanar la tierra y educar a la gente sobre cómo y por qué. Cualquiera puede ir allí y quedarse en el Eco-Lodge y no solo comer comida maravillosa, sino caminar y ver por qué este lugar necesita protección. Conduciendo desde Madrid hasta Puebla de Azaba tantas veces pude ver el contraste entre lo que llamamos agricultura convencional y cuantos ganaderos alrededor de la Reserva ahora están haciendo las cosas de mejor manera debido a su trabajo con la Fundación.

¿Su labor puede ser un ejemplo exportable para el resto el mundo?

Por supuesto. Al mostrar la dedicación, la necesidad de cooperación y el trabajo realmente duro que están haciendo durante muchos años, la labor de la Fundación Naturaleza y Hombre puede inspirar a otros. El paisaje puede diferir, pero las ideas siguen siendo las mismas. Ojalá pudieran modificar su nombre para incluir a todos los humanos. ¡Ojalá se llamaran Fundación Naturaleza y Humanidad!