Marina Neira /ICAL - El director leonés Julu Martínez, en el rodaje de 'Los rapaces'.
VALLADOLID - CULTURA
Sábado, 24 de Octubre de 2026

71 Seminci- Infinitas historias por contar

César Combarros - La sección Castilla y León en Corto reúne mañana domingo en los Cines Broadway de Valladolid cinco trabajos de cineastas de Burgos, León, Salamanca y Valladolid, que dan buena muestra del talento creativo de la Comunidad

La Sala 5 de los Cines Broadway acoge mañana domingo, a las 19.15 horas, una nueva edición de Castilla y León en Corto, el apartado de la Semana Internacional de Cine de Valladolid que cada año busca dar visibilidad a los cortometrajes más destacados de la temporada, rodados en la Comunidad o por cineastas de esta tierra. Cinco son los trabajos seleccionados en esta ocasión, tres de los cuales tendrán su estreno mundial en el marco del festival: ‘Camila’, del burgalés Ramón Sánchez Orense; ‘Cómo atrapar el sol’, de la salmantina María Blázquez; y ‘Nadie’, de la vallisoletana Karu Borge. La sesión la completan ‘Los rapaces’, del leonés Julu Martínez, que tuvo su estreno en la Sección Oficial del Festival de Huesca; y ‘Under the Lake’, del vallisoletano formado en León Juan Carlos Mostaza, que tuvo su puesta de largo en el Festival Tribeca de Nueva York.

En ‘Camila’, Ramón Sánchez Orense plantea una “inmersión” que “prácticamente roza el documental” en la nutrida comunidad dominicana presente en Burgos, y lo hace a partir de la historia de una joven de ese país a la búsqueda de su propia identidad, que compagina su pasión por el voleibol con su trabajo en una zapatería. La película, según relata su autor en declaraciones a Ical, tiene su origen en una conversación que mantuvo con la madre de una amiga de su hija, de origen dominicano, que le confesó que nunca visitaba a su otra hija en la zapatería donde trabajaba “por temor a ponerla en algún aprieto con los jefes”. “Pensé que tras esa situación real se escondía una historia que ponía sobre la mesa un montón de temas que me interesan: identidad, raíces, inmigración, prejuicios…”, apunta. Fue entonces cuando empezó a adentrarse en esa comunidad, tan contrapuesta a la burgalesa en aspectos como el clima, la comida o el carácter de sus gentes.

Por su parte, María Blázquez propone en ‘Cómo atrapar el sol’ una historia poética sobre la imposibilidad de atrapar algo intangible. Su película surge al “jugar con películas domésticas anónimas”, atraída por “las partes ‘malas’, en las que el celuloide queda sobreexpuesto y la imagen se vuelve casi por completo blanca”. “Ahí nació la idea de crear una historia alrededor en torno a los brillos y la fotografía, que hablase de alcanzar lo inalcanzable y de cómo nos define la mirada de los demás; una historia de amor”, explica.

En ‘Nadie’, Karu Borge contrapone las vidas de dos personajes a los que llama Alguien y Nadie, para explorar “cómo nos relacionamos con quien tiene menos”. Así, plantea una historia sobre la soledad, la dignidad y empatía, que lleva a la gran pantalla un relato original de Guillermo Delgado, que firma el guion junto a la propia Borge, a quien Delgado y el coproductor José María Calvo, de EV Films, eligieron para dirigir el proyecto. “Es una gran responsabilidad que alguien te elija para contar su historia. Quieres hacerlo con todo el respeto del mundo pero también sabiendo mantener tu punto de vista como creadora”, apunta ella.

Julu Martínez, en ‘Los rapaces’, reimagina cómo eran sus padres de jóvenes y elucubra sobre cómo se conocieron. Ese punto de partida se mezcla en el origen del proyecto con su descubrimiento y la reinterpretación de una pieza de archivo vinculada directamente con su tierra. “En la película he buscado generar un contra-relato en mis propios términos, jugando con la memoria histórica y el realismo mágico, y también mirar mis pueblos desde un sitio donde no he sentido que los hayan mirado nunca, jugar con el lenguaje y construir un misterio y un deseo luminoso y también fantasmagórico en ellos”, argumenta. Para el cineasta, 'Los rapaces' es “un ejercicio de imaginación crítica y una invitación a la juventud para investigar y hacerse preguntas sobre el pasado y su propia historia”, algo que considera “esencial en la actualidad por la que discurrimos”.

Y el más veterano de los cinco, Juan Carlos Mostaza, regresa en ‘Under the Lake’ a un universo que conoce bien, un mundo habitado por seres de alambre, que inauguró en 2006 con ‘Broken Wire’, al que regresó diez años después en ‘Down to the Wire’, y al que vuelve ahora, otra década más tarde. Para él, resulta “muy estimulante” adentrarse en un microcosmos que le permite “hacer animación exprimiendo al máximo la narrativa audiovisual”. “Los personajes no tienen cara y no hay diálogos, así que el espectador tiene que entender lo que sucede a través de todo lo demás: los movimientos de cámara, el uso de las lentes, el lenguaje corporal, el sonido, la música…”, asegura antes de adelantar que se encuentra preparando su primer largometraje basado en este universo.

En ‘Under the Lake’, se centra en clave de thriller en un niño que rescata en un lago a un desconocido. “A veces se me ocurren historias tan perturbadoras que creo que es más potente contarlas en animación y con este tipo de personajes. Eso permite tomar algo de distancia con el horror que estás contando y lo hace más accesible y entretenido, sin dejar al espectador hecho polvo cuando termina el corto. Siempre pienso mucho en el público y lo respeto mucho”, detalla.

Necesidad de respaldo

En cuanto a la situación de la industria audiovisual en Castilla y León, los cinco coinciden en apuntar que es “imprescindible” el apoyo institucional y la inversión en el sector. “Necesitamos recursos y apoyo de las instituciones para que los proyectos se desarrollen aquí, y no tengamos que marcharnos fuera para poder dedicarnos a lo que hacemos”, apunta María Blázquez. Sobre ello, Karu Borge defienda que “talento hay, y mucho”, algo que aprecia “constantemente en los rodajes en los que participa en Valladolid. “Estoy rodeada de personas y profesionales maravillosas. El problema de aquí son las oportunidades. No tener una industria con mayor inversión genera fuga de talentos”, lamenta.

En ese sentido, Julu Martínez recalca que “hay talento, fuerza y energía de cineastas y técnicos en Castilla y León, pero no hay una respuesta institucional acorde y quedan apenas las islas de algunos festivales e instituciones pequeñas que visibilizan e intentan generar espacios de apoyo simbólico como pueden”, en alusión a entidades como el Instituto Leonés de Cultura (que ha respaldado su proyecto, pero cuya labor “no salva el desazón regional”) o el Festival de Aguilar de Campoo (que a su juicio “hace una buena radiografía del cortometraje regional, se preocupa por ver qué se está haciendo e intenta estimular el diálogo y encuentro entre cineastas dentro de sus posibilidades”), que en su opinión hacen más por el sector que la propia Junta a través de su financiación o que Seminci, que “podría ser un punto de encuentro regional para la industria pero, por lo que sea, no lo es”.

Al respecto, Ramón Sánchez Orense asegura que, tras la formación del nuevo Gobierno autonómico y ante las inminentes elecciones generales, “se vive un clima de incertidumbre” y de “confusión”. “En Castilla y León dependemos única y exclusivamente de una ayuda que se convoca anualmente, que da para lo que da, por lo que en la mayoría de los casos hay que buscar alianzas con otras regiones para no quedar condicionado incluso hasta a nivel creativo”, reseña. Además, echa en falta la existencia de talleres, laboratorios y mercados centrados en los creadores de la Comunidad, que permitan “incentivar la escritura y el desarrollo de guiones e historias propias de Castilla y León”.

Él echa de menos que exista más unión entre productoras de las diferentes provincias, algo en lo que coincide María Blázquez: “Necesitamos potenciar los vínculos entre nosotros para hacer más”. Ella confiesa ser “positiva”, al percibir “un movimiento muy interesante, no solo en el audiovisual, sino en el campo artístico en su conjunto”. “Siempre es bonito ver cómo un proyecto consigue reunir a personas de diferentes disciplinas y que todos seamos de diferentes provincias, pero de aquí cerquita”, esgrime.

Sobre esta cuestión, Mostaza apunta que también es preciso “ser más ambiciosos en lo que queremos contar, con historias que viajen fuera de nuestras fronteras, lo que no quita que un tema local pueda resultar muy interesante para alguien de fuera”. En el caso de ‘Under the Lake’, que vivirá en Seminci su estreno nacional, ya ha pasado por festivales internacionales que califican para los premios Oscar, y “que se vea que desde Castilla y León se llega a esos lugares es algo que debería repetirse, porque es marca España y una forma de demostrar la calidad de lo que hacemos”.

Participación en Seminci

“Honor” y una “tremenda ilusión” son las dos sensaciones que más se repiten al cuestionarles por lo que supone para ellos haber sido seleccionados en Seminci. Tras varias selecciones anteriores por otros trabajos, Mostaza asegura que “siempre se agradece tener un escaparate así para tu trabajo”, mientras que en el extremo opuesto aparece Blázquez, que por vez primera exhibirá una de sus películas en un festival, y lo hará precisamente en el primero que descubrió como espectadora, con apenas 16 años.

Lo mismo le sucede a Ramón Sánchez Orense, para quien el certamen vallisoletano es “el festival más importante de Castilla y León y uno de los más importantes de España”. “Con ‘Camila’ nuestro objetivo fue siempre estrenar en Seminci, también porque gran parte del equipo es de Castilla y León y nos parecía la mejor opción. Nos hace muchísima ilusión compartir programa con Paul Thomas Anderson o Lili Horvát”, advierte. Para Karu Borge, la puesta de largo en el certamen supone también “el mejor de los estrenos”: “Es el festival con el que yo he aprendido a amar el cine. Es un completo orgullo para mí”, recalca ella.

Y Julu Martínez recalca las “muchas ganas” que tiene de “compartir, presentar y comentar” su trabajo en sala en la que será su primera selección en el festival, si bien recalca que poder estrenar el pasado verano su película en Torre del Bierzo y Sueros de Cepeda, los pueblos de sus dos personajes principales, es más importante para él que “cualquier laurel o alfombra roja que haya venido antes o que vaya a venir después”. “Es peligroso que los festivales o las propias instituciones legitimen tu relevancia en la cultura, pero en muchos casos ayudan, porque acercan el proyecto a la gente. Hay que reconocer que el circuito de festivales es un juego al que hay que jugar”, concluye.