Jueves, 29 de Octubre de 2026
71 Seminci- Sandra Wollner explora el duelo y la superación de una tragedia en ‘Everytime’
¿Por qué el sol sigue brillando después de una tragedia? ¿Cómo se sobrepone una madre a la muerte de su hija? ¿Cómo recuperar una rutina hecha añicos como si nada hubiera sucedido? Son preguntas que la cineasta austriaca Sandra Wollner se plantea y nos plantea en ‘Everytime’, su nueva película, que hoy se sumó a la competición de la Sección Oficial de Valladolid, donde fue recibida con tibios aplausos y algunos pateos.
El largometraje, que se alzó con el galardón a la mejor película en la sección Un Certain Regard en Cannes y representará a Alemania en la carrera por el Oscar, aterriza en una familia integrada por una mujer llamada Ella y sus dos hijas: Jessie, de 16 años, y la pequeña Melli. Las tres están a punto de irse de vacaciones a Tenerife, y la noche anterior Lux, el novio de Jessie, la convence para apurar sus últimas horas juntos en una discoteca y ver luego el amanecer desde una azotea.
Con una mirada próxima al documental, la directora se detiene en los tiempos muertos de los personajes, a los que regresa con pudor cuando el terrible duelo que han tenido que afrontar la familia comienza a quedar atrás. Wollner les contempla en sus rutinas diarias, jugando a videojuegos de mundos donde todo está bajo control, compartiendo la ausencia, y abrazándose cuando la fachada de normalidad se resquebraja.
La película se desdobla cuando la madre decide que deben realizar el viaje que nunca pudieron hacer, esta vez con su hija pequeña y el novio de la mayor. En la isla, sin embargo, encontrarán una realidad alterada donde los anhelos, los sueños, la nostalgia y la compasión les hará ver el mundo con otros ojos.
“Hay algo intrigante en las imposibilidades, en adentrarse realmente en ellas: revelan algo sobre la naturaleza del sufrimiento humano, nuestro anhelo y nuestra propia existencia. Así es como funcionan nuestros sueños; y por eso despertarse puede resultar tan decepcionantemente aburrido y desagradable”, relata la cineasta, que no se desplazó hasta Valladolid, en las notas de producción del film.
Los lazos invisibles entre la memoria, la identidad y la imaginación son uno de los temas centrales de la película, que explora cómo atesoramos las experiencias que hemos vivido, y la delgada línea que existe entre recordar algo e imaginarlo. En la historia, pasado y presente se entreveran, y lo hacen de la mano de la hermana pequeña de Jessie, Melli, cuya voz en off emerge en el alucinado desenlace, donde la imaginación infantil crea su propia verdad, mientras la madre y el exnovio persisten en su incapacidad para seguir adelante.
Igual que la memoria y la imaginación se mezclan en el relato, el mundo digital del videojuego se mezcla con el mundo real en el film, tanto en sus imágenes como en su banda sonora. En ese mundo alternativo donde todo el posible, incluso detener el tiempo, Wollner juega con la fina frontera que existe entre lo real y lo imaginado, entre el dolor y lo cotidiano, mientras alguien, o quizá solo el universo, nos observa impasible desde allá arriba.



