César Sánchez /ICAL - Verónica Álvarez y Javier San Miguel, fundadores de la empresa berciana Bergidron
PONFERRADA - CULTURA
Sábado, 27 de Junio de 2020

Arqueología desde el aire

D. Álvarez - La operadora de drones Bergidron elabora un modelo en tres dimensiones de Castro Ventosa a partir de 1.000 fotografías aéreas del yacimiento arqueológico

La empresa Bergidron, radicada en el municipio berciano de Cacabelos, elabora un modelo en tres dimensiones del yacimiento arqueológico de Castro Ventosa, situado a caballo entre las localidades de Pieros y Valtuille de Abajo. Un millar de fotografías geoposicionadas de alta resolución dan lugar a la reproducción virtual de esta antigua ciudad fortificada, que preside la hoya berciana desde antes de la llegada del Imperio Romano a la zona y cuya muralla está declarada Monumento Histórico desde 1931. A partir de esas imágenes aéreas, un ‘software’ específico genera una nube de puntos similares y coloca cada fotografía según sus coordenadas. Con este modelo digital, los responsables de la empresa buscan facilitar la difusión del patrimonio local entre los alumnos y vecinos de la zona, así como los estudios aéreos del yacimiento o incluso las visitas guiadas con un formato novedoso.

En ese sentido, el uso de las técnicas de realidad aumentada abre un sinfín de posibilidades en el ámbito turístico para un enclave situado a escasos metros del Camino de Santiago. “No es tan complicado con las herramientas que tenemos y podríamos darlo a conocer a la gente de fuera de una manera que no se esperan”, explican Verónica Álvarez y Javier San Miguel, los responsables de la compañía. Ella es arqueóloga y participó en las últimas excavaciones que tuvieron lugar en el otro gran yacimiento del municipio, el de La Edrada. Él se dedica profesionalmente a la peluquería, pero su permiso para volar drones lo acredita como productor de cine. “Podría facturar como peluquero, pero suena raro. Aunque ahora, con esto del COVID, me decían que podía cortar el pelo con el dron”, bromea.

Su “incesante curiosidad por lo nuevo”, palabras de ella, también le lleva a formar parte del colectivo de ‘makers’ y a colaborar con el desarrollo del servicio de Google Maps. En la actualidad, está montando su propio dron con parte de los componentes fabricados en casa por su impresora 3D. Hace cuatro años, Javier se compró su primer dron de juguete y pronto la afición se convirtió en algo más serio. Un año más tarde nació Bergidron, que ofrece servicios aéreos a diferentes sectores y cursos para aprender a manejar estas aeronaves no pilotadas. La compañía dispone de dos drones homologados y registrados para trabajar, así como de los permisos para operar y facturar. Al respecto, Javier compara el papel de las operadoras de drones con el de las aerolíneas convencionales. “Puedes ser piloto, pero si no trabajas para Iberia o para cualquier otro, no puedes trabajar”, explica.

En ese sentido, la empresa está sujeta a las normativas de la agencia estatal de seguridad aérea (Aesa), que es la que debe conceder los permisos para sobrevolar cualquier población, aunque el despegue y el aterrizaje deban hacerse siempre donde no haya aglomeración de edificios. Además, cada operadora está obligada a disponer de un plan de seguridad y de sistemas de retención de impacto en caso de pérdida de control, es decir, de paracaídas que eviten daños mayores si el aparato cae.

Su conocimiento sobre la normativa les permitió elaborar el primer protocolo de actuación con drones en rescate y conformar la unidad de drones de la agrupación de Protección Civil de Carracedelo, de la que forman parte como voluntarios. Esta unidad ofrece “de forma estable” el uso de las aeronaves no pilotadas en casos de desaparición y rescate, en coordinación con el resto del operativo. “Tiene que haber una preparación previa, no puedes poner en peligro a la gente que participa en el rescate ni a ti mismo”, explica Verónica. “Estamos abiertos a recibir gente que pilote”, asegura, jugando con el doble sentido de las palabras.

Además de este uso en rescates, Bergidron también lleva a cabo ortofotos y mediciones, con un margen de error de dos centímetros, para deslindes de fincas o replanteos de obras. En el ámbito de la agricultura de precisión, el uso de estas aeronaves sumado a una cámara térmica, de la que también dispone la empresa, permite a los agricultores localizar las zonas más cálidas y más frías de cada parcela e identificar los puntos clave para el riego y el aporte de nutrientes, lo que permite incrementar la producción. Asimismo, Javier está en trámites para obtener la licencia que permite sulfatar desde el aire. En cuanto a los usos medioambientales, la compañía ha llevado a cabo el análisis y control de zonas inundables en Carracedelo, un municipio bañado por el curso de los ríos Sil y Cúa.

Barriendo para casa, Verónica señala que otro de los usos de estos aparatos está en el campo de la arqueología. “Ahora mismo se está utilizando mucho para hacer las planímetrías, especialmente para reconstruir las ciudades antiguas en la zona andina”, explica. En sus vuelos sobre el Castro, la cámara térmica de Bergidron ha descubierto algunas “cosas curiosas”, como un pozo que se localiza perfectamente debido al cambio de temperaturas o diferencias en la vegetación de la cubierta, que pueden indicar la presencia de muros. Javier ya planea otra serie de vuelos oblicuos para captar las texturas horizontales y permitir al usuario navegar por el modelo en los tres ejes, de una manera similar a la que ofrece Google Street View.

Verónica, que impartió los talleres de arqueología experimental en la primera etapa del Museo de Cacabelos, lamenta la situación de abandono de este enclave histórico en el que muchas fuentes sitúan el primer centro de poder de la comarca. “El mundo en el Bierzo empezó antes de los romanos y es posible que empezara ahí, pero la gente del pueblo no valora el patrimonio que tiene”, explica la arqueóloga, partidaria de “hacer vivir la historia”. Consecuentemente con esa visión, Verónica y Javier son asiduos a las recreaciones del pasado romano de la villa que lleva a cabo cada año la asociación Bergidum Flavium.

Además, él preside el colectivo Castur Ventosa, una asociación cultural creada para la defensa y puesta en valor del yacimiento. Desde esta doble vertiente, Javier planteó la celebración de la primera feria de recreación de Cacabelos, con presencia de asociaciones de Galicia, Asturias y Cantabria dedicadas a cualquier periodo histórico. El objetivo era unir a estos colectivos en “el primer desfile de la Historia”, un evento en el que las distintas asociaciones irían presentando sus etapas históricas en orden cronológico.

Con todo preparado para los días 16 y 17 de mayo, la pandemia del COVID-19 obligó a aplazar estos actos hasta el año próximo. “Nos ha pillado el coronavirus por el camino”, lamenta Javier, que explica que el programa del evento incluía una visita al yacimiento para presentarlo a los visitantes llegados de otros puntos de la península. Al respecto, Verónica recuerda que “en Castro Ventosa se juntan varias épocas: celtas, visigodos, alta edad media, invasiones musulmanas o guerra de Independencia”.

Propuestas modestas

Entre las propuestas que Castur Ventosa propone para la recuperación del entorno, destacan actuaciones modestas como la consolidación de los muros para asegurar la zona y la colocación de cartelería. “Puedes ver un montón de piedras pero necesitas que te digan lo que es”, explica Verónica. En ese sentido, cabe recordar que esta misma semana el Servicio Territorial de Cultura inició las tareas de limpieza de la cobertura vegetal y de consolidación de la puerta Oeste, conocida también como puerta del Viento. Los trabajos están dotados con un presupuesto de 25.000 euros

Otro de los “pasos pequeñitos” que propone el colectivo consiste en construir una atalaya que sirva de mirador o incluir el yacimiento dentro del recorrido del Camino de Santiago. Al respecto, Javier recalca que “el peregrino quiere avanzar, no retroceder” y señala que una de las soluciones podría pasar por la creación de un segundo acceso desde Valtuille de Abajo, que permita la salida de los visitantes que accedan desde Pieros. Aprovechar el camino extramuros para actividades de dinamización, como una cena celta, y lanzar un concurso de proyectos de restauración o excavación en colaboración con los Ayuntamientos de Cacabelos y Villafranca son otras de las ideas de este colectivo.

En cuanto a las excavaciones, Verónica es partidaria de completar antes las actuaciones arqueológicas llevadas a cabo con anterioridad y cubrir las zonas más vulnerables para evitar el deterioro de la muralla, que tiene más de un kilómetro de circunferencia y que en algunos puntos alcanza los ocho metros de alto y cuatro de ancho. Las últimas catas tuvieron lugar en 2007 de la mano del investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (Csic) Javier Sánchez Palencia, aunque el proyecto que preveía invertir cinco millones en el yacimiento quedó congelado en el año 2011. “Es lo que pasa con la ciencia en general, ahora hay fondos y ahora se corta el grifo”, lamenta Verónica.