ICAL - La actriz y cineasta Cristina Urgel durante el Festival de Cortos de Soria
Domingo, 22 de Febrero de 2026
Cristina Urgel compite en los Goya con la conversación "pendiente y desgarradora" con su abuela
Criar a los hijos en solitario representa un reto en la sociedad actual y una odisea en tiempos de la dictadura, pues las mujeres tuvieron que enfrentarse a un marco moral y a un férreo juicio de la sociedad, donde siempre eran las pérfidas. Este es el marco del cortometraje documental ‘La conversación que nunca tuvimos’, dirigido y producido por la soriana Cristina Urgel, que el próximo sábado, 28 de febrero, competirá en Barcelona por llevarse un premio Goya.
El documental, que supone el debut tras la cámara de la popular actriz y presentadora, saca a la luz la conversación “pendiente y desgarradora” con su abuela, grabada con un móvil. En ella Celia García relata cómo vivió la maternidad en solitario en los años 50 en Cabrejas del Pinar (Soria). El corto, de 19 minutos, exhibe sin pudor otras realidades que conllevaba el haberse quedado embarazada antes de contraer matrimonio, como el rechazo social y familiar, el desprecio, la soledad que soportó, la falta de educación sexual, el machismo en hombres y mujeres, la doble moral, la soledad, la falta de comunicación familiar, el pecado, el qué dirán o los estigmas sociales.
La conversación entre la directora con su abuela duró cuatro horas, después de que su abuela estuviera durante décadas sin hacer comentario alguno sobre este tema tabú. La directora, sin pretensión alguna, quiso saber sobre su historia vital, marcada por haberse quedado embarazada cuando festejaba con un mozo del pueblo, que la abandonó nada más saber que iban a ser padres.
Esa conversación, contenida y llena de emoción, se va a convertir en un largometraje. Cristina Urgel está a punto de terminar la versión larga del documental con la misma base: ella y su madre escuchando a la abuela.
“El corto es fruto de las casualidades de la vida. Yo siempre preguntaba a mi abuela por el tema, pero ella lo esquivaba. Un año antes de que falleciera, la pillé más débil y logré que me la contará. Me iluminé; pensé que esto no iba a ocurrir más; y le di a grabar pero sin más pretensión que guardar la historia de mi abuela y recoger su voz. Yo no quería olvidar lo que me contaba”, destaca en declaraciones a Ical.
La conversación, según Cristina, la deberían haber mantenido su abuela y su madre, pero nunca se produjo. Después de la muerte de su abuela y tras superar el duelo, Cristina quiso mantener esa conversación a tres bandas y lo hizo grabando el momento, del cual se extrae una conversación desgarradora que destila dolor guardado y que consigue dejar pegado al espectador a la silla. “Logramos mantener una conversación gracias al cine. La grabación fue del tirón, sin pausa, y fue un momento muy bonito entre mi abuela, mi madre y yo”, reconoce.
‘La conversación que nunca tuvimos’ da voz al silencio y evidencia lo difícil que era ser madre soltera en cualquier lugar de España, donde la chica que se quedaba embarazada de soltera pasaba a ser ‘la puta del pueblo’. La abuela de Cristina se quedó embarazada en la España más vaciada: Cabrejas del Pinar, un pequeño pueblo de Soria con apenas 300 habitantes.
La abuela de Cristina nunca llegó a rehacer su vida porque arrastró el estigma. Ni el paso del tiempo, quizás por vivir en un pueblo, fue capaz de diluir esa huella. Solo llegó a hacer algo de vida social cuando se camufló entre las viudas. La madre de Cristina también arrastra el lastre de haber sido una hija no deseada. “En el largometraje se ve más la vida de mi madre, porque vivieron con los padres de mi abuela. A mí madre esto le ocasionó una inseguridad tremenda”.
El documental ha sido sanador para esta familia, según Cristina Urgel, quien subraya que de toda la historia lo que más impacto le causó fue saber que lo que más había echado de menos su abuela era haber tenido una pareja, un deseo fruto de una “educación tradicional".
Antes de llegar a los Goya, el corto pasó por varios festivales españoles, como los de Medina del Campo o Lanzarote, donde se llevó el premio del público. El largometraje destila verdad y es por eso que logra plantar al espectador para oír esa voz quebrada de Celia, una soriana que, como bien define su hija, fue una “pobrecita, la marcada, la valiente que sobrevivió a pesar de que le hicieron la vida imposible".
El próximo sábado la película competirá por el preciado Goya con ‘Cartel de disonancia’, de Raquel Larrosa; ‘El santo’, de Carlo D'Ursi; 'The painter's room', de María Colomer Canyelles; y ‘Zona Wao’, de Nagore Eceiza.



