ICAL - Parte del equipo de investigación del Laboratorio de Evolución Humana (UBU) que ha demostrado que la primera menstruación queda registrada en los huesos
BURGOS - CULTURA
Miércoles, 29 de Abril de 2026

Un estudio de la Universidad de Burgos muestra que la primera menstruación queda registrada en los huesos

ICAL - Ha identificado un nuevo marcador óseo asociado a la menarquia en restos humanos datados entre los siglos XIV y XVIII

Un estudio de la Universidad de Burgos (UBU) muestra que la primera menstruación queda registrada en los huesos ya que ha identificado un nuevo marcador óseo asociado a la menarquia en restos humanos datados entre los siglos XIV y XVIII, según informaron hoy fuentes del campus universitario.

A partir del análisis de la estructura interna del fémur, las investigadoras han podido distinguir qué individuos habían atravesado ya esta transición biológica y confirmar que la edad media de la primera menstruación en estas poblaciones era en torno a los 15 años, una edad más temprana de lo que se había planteado hasta ahora para poblaciones históricas.

En este estudio, las investigadoras del Laboratorio de Evolución Humana (UBU) llegan a la conclusión de que el crecimiento del hueso en niñas y adolescentes cambia de forma radical con la llegada de la menarquia. Entonces, los huesos de las mujeres comienzan a “crecer desde dentro” un movimiento conocido como ‘contracción medular’, explicaron Julia Muñoz-Guarinos y Rebeca García González, autoras del artículo junto a Laura Rodríguez y José Miguel Carretero.

Esa contracción medular es la clave para determinar el paso de la menarquia. Los cambios hormonales y fisiológicos que provoca la menarquia hacen que el hueso se refuerce, haciéndose más compacto y reduce el espacio interior, un “cambio sutil”, según señalaron las responsables del estudio, que depende del momento del desarrollo y que es “un marcador muy preciso”.

Este cambio, producido por el aumento de estrógeno, no es uniforme en todas las partes del cuerpo, lo que explica por qué no se había visto hasta ahora y ha sido necesario un enfoque específico en los huesos femeninos que tampoco se había producido. Para su estudio, las investigadoras analizaron 75 fémures (46 infantiles y 29 de adultos) de restos del Monasterio de San Pablo (Burgos) mediante tomografía computarizada (TAC), para estudiar el interior de los huesos sin dañarlos.

Un dato clave más allá de la biología

La posibilidad de conocer mejor a qué edades se produce la menarquia no es solo un logro para la antropología y la biología, sino para los estudios sociales. Para multitud de sociedades a lo largo de la historia, la menarquia ha supuesto para las mujeres un nuevo estatus social. Como señalaron las investigadoras, supone un cambio “en sus expectativas vitales y, en algunos contextos, en su exposición al matrimonio y a la maternidad temprana”.

Por otro lado, la llegada de la menarquia no está determinada únicamente por la edad, sino que en ella influyen la nutrición, la genética, la salud durante la infancia y la actividad física. Por tanto, la menarquia da mucha información sobre el contexto social y de crecimiento de la niña y de cuáles han sido sus factores ambientales.

Los resultados del estudio fueron publicados en un artículo científico en la revista ‘The Anatomical Record’. También fueron difundidos para todos los públicos a través de un vídeo en el canal de YouTube de UBUinvestiga a y un artículo de divulgación escrito por las investigadoras principales en el Blog UBUinvestiga ‘El rastro invisible de la adolescencia: cómo la primera regla queda registrada en los huesos’.