Miriam Chacón /ICAL - Exposición ''La promesa de Villèlia'' en el Museo Patio Herreriano
VALLADOLID - CULTURA
Viernes, 30 de Enero de 2026

El Herreriano abre la puerta al mundo etéreo, poético y móvil de Moisès Villèlia

ICAL - ‘La promesa de Villèlia’, que reúne piezas del IVAM, MNAC, la Colección BBVA o el Reina Sofía, entre otros, puede contemplarse en el museo vallisoletano hasta el 7 de junio

Han pasado 27 años desde que el IVAM acogió en Valencia una muestra antológica comisariada por Maria Lluïsa Borràs en torno al mundo poético, etéreo y móvil de Moisès Villèlia (Barcelona, 1928-1994), integrante junto a Leandre Cristòfol y Ángel Ferrant del trío que el crítico Juan Manuel Bonet calificó como “los calderianos españoles”. Por primera vez desde entonces, el artista catalán protagoniza una muestra individual de gran escala con la inauguración en el Museo Patio Herreriano de Valladolid de ‘La promesa de Villèlia’, que podrá visitarse hasta el próximo 7 de junio.

El director del MPH, Javier Hontoria, es el comisario de una exposición que ha sido posible gracias a la complicidad e implicación del artista Nahum Villèlia, hijo del escultor que agradeció el foco del Museo sobre el trabajo de su padre, para dar forma a lo que considera “una pequeña joya”, que toda la familia recibe “con ilusión extrema” debido también a que el MPH es el depositario de la obra de Ángel Ferrant, con quien su progenitor mantuvo “una buena amistad sincera”.

Nahum explicó, en declaraciones recogidas por Ical, que su padre “nunca dejó indicaciones de cómo quería que se visualizara su mundo”, un microcosmos donde convivían procesos de materiales industriales, cementos, maderas y bambú. “Mi padre quería ser poeta, ir por el mundo de la literatura, pero llegó un momento el el que tuvo que decidir qué quería ser y se decantó hacia la escultura, quizá porque pesó más la influencia del oficio que aprendió de su padre (un artesano en cuyo taller aprendió a tallar la madera) que la poesía, un terreno al que había llegado de forma autodidacta”, explicó.

La exposición, que se expande por las salas 6 y 7 del Museo, representa todas las etapas creativas del artista, que comenzó su labor en los 50 y que ya en los años 60 vivió una “eclosión” donde se cimentó “todo su mundo: madera, bambú, metales, ferrocemento, diseño industrial… Todo sale de esa época, y a partir de ahí su proceso creativo pasa por ir integrando su concepto de la escultura en esos mundos: el metal con las telas de araña, la caña, los vidrios…”. “Queremos dar a entender lo que fue el mundo de mi padre”, resumió.

Un papel importante en ese universo es el que juega un material como el bambú, que en palabras de Nahum le ayudó a profundizar en torno a su exploración en torno al vacío de los materiales, y a indagar en cómo “desmaterializar la madera” y “dar movimiento” a sus piezas, además de lograr “que el hueco dibuje tanto como la forma corpórea de la madera”.

“Mi padre procede del mundo de la talla, no de la ebanistería, que se centra más en las formas decorativas. Cuando se trabaja con las gubias hay que dar salida a su recorrido, porque si no se astilla el material. Es un lenguaje siempre muy lineal, y él ya tenía una gran formación en ese sentido, algo que supo combinar con su querencia por observar la naturaleza, que tiene líneas muy armónicas. Al conjugar ambas realidades el resultado es un mundo muy armonioso y orgánico a l mismo tiempo”, resumió.

La exposición, según señaló Hontoria, arranca cronológicamente con ‘Homenaje a Blume’ (1954), una pieza en peana perteneciente a la Colección Arte Contemporáneo, depositada en el MPH, y reúne piezas cedidas para la ocasión por museos e instituciones como el IVAM, el MNAC, la Colección BBVA, el Museo Reina Sofía, la Caixa, la Fundación Jiménez Arellano y varios coleccionistas privados. Todo ello se completa con numerosos trabajos sobre papel, procedentes del archivo familiar, que no se habían exhibido hasta ahora, y que dan buena cuenta de su aproximación escultórica a ese material a través de recursos como el troquelado: “Villèlia no trabajaba sobre el papel, sino con el papel”, señaló el director del centro.

La propuesta, calificada por la concejala de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Valladolid, Irene Carvajal, como “un auténtico espectáculo que despierta todos los sentidos”, convive en el tiempo con la instalación en la sala cero del centro de sendas piezas de Daniel Canogar y Gustavo Torner (‘Photosynthetic Remembrance’ y ‘Pintura’, respectivamente), pertenecientes a la CAC, dentro de la propuesta ‘Una escena’, que busca “establecer un diálogo muy sugerente entre ambos autores”.