Jose Vicente /ICAL - La Asociación del Pandero Cuadrado de Peñaparda (Salamanca) premio a la "Mejor iniciativa" en los I Premios de la Música Folk y Tradicional de Castilla y León.
Miércoles, 22 de Abril de 2026
El latido sonoro de Castilla y León
Llevan la música en la sangre desde bien niños y tienen marcado a fuego el respeto por las tradiciones y los sonidos que conforman nuestras raíces. Así son el zamorano Luis Antonio Pedraza de Castro, el grupo vallisoletano Tahona y la asociación El Pandero Cuadrado de Peñaparda (Salamanca), ganadores respectivamente en las categorías individual, mejor grupo y mejor iniciativa, de la primera edición de los Premios de la Música Folk y Tradicional de Castilla y León. Con “una gran satisfacción”, “una alegría muy grande” y como un “estupendo aliciente” los tres conocieron la noticia del galardón, que recibirán mañana jueves, 23 de abril, en el transcurso de un acto institucional en Villalar de los Comuneros.
“Podemos decir que la música tradicional es la más humana porque es la que nace del propio pueblo llano que, en muchos casos, no sabía leer ni escribir pero hacía unas músicas increíblemente maravillosas y que nos diferenciaban del resto”. Así lo afirma en declaraciones a Ical Luis Antonio Pedraza, “zamorano por los ocho costados” nacido por vicisitudes familiares en Blanes, un pequeño enclave gerundense. Para él, “el folclore es el eje vertebrador de las nueve provincias de Castilla y León”, es “lo que compartimos”. “La música tradicional nos ayuda a ser mejores, a comprender lo que fue nuestro pasado musical, qué sentían, qué pensaban y cómo funcionaban nuestros antepasados. La música tradicional es un libro abierto para todos los que amamos a la raza humana”, añade.
Por parte del grupo Tahona, que lleva a sus espaldas 54 años de andadura “contra viento y marea”, los hermanos José María ('Jos') y Miguel Ángel ('Miche') Rivera, fundadores de la formación, aseguran que la música tradicional encierra “las señas de identidad de la Comunidad más grande de Europa”. “En las canciones está nuestra historia, lo que se cantaba antiguamente en las casas y en las faenas del campo. Un tesoro maravilloso que ahora se está perdiendo porque no se escucha y no se fomenta”, lamentan los también impulsores del libro ‘50 años de música folk en Valladolid’.
Tras décadas recogiendo por todos los rincones un inagotable acervo popular conformado por canciones, trabalenguas, acertijos, brindis o refranes, y apoyados en la “labor impresionante” de investigación y recopilación realizada por Joaquín Díaz y José Delfín Val, ahora aprecian “un abismo entre el mundo actual, de prisas y agobios, y el mundo de antes”. “No hay relevo generacional salvo muy contadas excepciones”, apuntan, a la vez que reclaman un mayor respaldo por parte de los medios de comunicación (donde aplauden propuestas como el programa de CyLTV ‘con la música a todas partes’) y de las instituciones: “Dentro de Castilla y León hay provincias que apoyan mucho más la música tradicional, como Palencia, Zamora, León y Salamanca, y otras que no”, deslizan.
En representación de El Pandero Cuadrado de Peñaparda, su actual presidenta, Toñi Collado, subraya a Ical que “es importante saber de dónde venimos” y recuerda los orígenes de la asociación, cuando un grupo de personas entre las que estaba ella crearon esa entidad “con la intención de que no se perdieran las tradiciones, las canciones, el sonido y el baile en torno al pandero cuadrado”. En estos momentos, aglutinan a alrededor de un centenar de socios de todas las edades, “desde los 18 años el más joven hasta los noventa y muchos de la más veterana”.
Son los musicólogos los que ahora intentan discernir el origen de este instrumento tan singular del noroeste peninsular, que solo ha pervivido en ese enclave del entorno de El Rebollar. “El pandero todavía se toca en muchos sitios: en Galicia, en Portugal, incluso en África, pero lo tocan apoyándolo en el pecho y con las manos. Tocado con porra, como llamamos nosotros a la baqueta, solo pervive aquí. Sí nos consta que en el pasado también se tocó así en más lugares; hace un tiempo nos enviaron una foto de un juglar tocándolo con porra en una catedral francesa, pero no sabemos por qué solo ha perdurado aquí”, señala.
Purismo o fusión
En el caso de Tahona, el jurado aplaudió su “larga trayectoria, originalidad y diversidad en el uso de instrumentos tradicionales y de vanguardia”. Cuestionados sobre el eterno debate entre el purismo o la evolución de los ritmos tradicionales hacia la modernidad, ellos se sitúan entre ambos extremos y aseguran que, más allá de sus gustos personales, “todo tiene cabida”.
Los hermanos Rivera explican que, aunque siempre han querido “mantener la línea tradicional, con el respeto a los arreglos”, son conscientes de que “hay que adaptarse a los tiempos”. Es por ello que han ido evolucionando, desde las “dos guitarras y pandereta” de sus inicios, hasta la actualidad, sin renunciar a los años donde el protagonismo pasaba por las guitarras y el bajo eléctricos, la batería y el humo. “Ahora se ha vuelto un poco más a lo tradicional, pero tienes que adaptarte a los tiempos”, afirman, citando como ejemplo de esa evolución la incorporación hace unos años de Eugenio Rodríguez a la formación, que ha supuesto la irrupción, por vez primera, de los instrumentos de viento en el grupo, con protagonismo para la dulzaina, el cromorno o el oboe.
En ese sentido, Luis Antonio Pedraza señala que la convivencia entre purismo y fusión resulta “imprescindible”, puesto que, “primero, necesitamos tener los pies en el suelo para poder volar”. “Tienes que conocer perfectamente la raíz, la esencia, de dónde venimos, quiénes son los verdaderos transmisores, los informantes que gratuitamente nos han hecho llegar todo ese patrimonio sonoro de nuestra provincia, intransferible y fantástico y puro. Tienes que conocerlo para poder volar luego hacia otras músicas, hacia la mezcla, y conjugar esa música con otros estilos musicales. A partir de ahí, tú tienes que ser tu propio sello musical”, resume.
Toñi Collado, al respecto, aclara que dentro de la asociación “unos están a favor de una cosa y otros en contra”, si bien en su caso personal recalca que se decanta por la fusión: “No vamos a ser tan puristas como los flamencos, ¿no?”, sonríe antes de recalcar que “en la diversidad está lo bueno”. “A mí me gusta ver que el pandero cuadrado se toca por todas partes de muchas maneras. En el pueblo últimamente no dan abasto a hacer panderos, porque son muchos los grupos de folk de España y de otros países de Europa, incluso de Canadá, que están utilizando este instrumento en sus espectáculos. Lo tocan con su propio ritmo, pero bueno, lo importante es que se está hablando del pandero cuadrado de Peñaparda por todo el mundo”, valora.
El origen de una pasión
Sobre el origen de su pasión por la música, Pedraza tiene claro que es algo que sintió “toda la vida”. Echando la vista atrás, viaja en el tiempo hasta sus seis años de edad, cuando mientras caminaba una tarde entre la Plaza Mayor de Zamora y la catedral, se detuvo junto a sus padres al pasar frente al Teatro Ramos Carrión, atraído por el sonido que emanaba de un ensayo de la Banda de Zamora, dirigida por el maestro Nacor Blanco. “Me apunté y empecé a recibir clases directamente con él. Siempre tuve la necesidad de expresarme a través de la música. Era algo que ya formaba parte de mi vida en casa: mi hermana tocaba el violín, mi madre cantaba, mi padre tocó la trompeta y mi abuelo cantaba copla”, recuerda ahora.
En el caso de los Tahona, ‘Jos’ y ‘Miche’, junto a José Luis Gómez 'Charlie' (que dejó huérfano al grupo al fallecer en 2023), comenzaron a cantar y tocar la guitarra “de forma algo rudimentaria” bien niños, mientras estudiaban en el colegio Maristas La Inmaculada de Valladolid, para participar en los concursos de canto y declamación que organizaba el hermano Santamarta con motivo de la fiesta del (entonces) Beato Marcelino Champagnat. Tras aquello, un grupo de amigos se sumaron a Alisabe (Amigos de la Liturgia de San Benito) y comenzaron a cantar misas en la iglesia de San Benito, donde siguieron hasta que fueron expulsados cuando Miguel Ángel cantó un gol de su querido Real Valladolid “en plena plática” del sacerdote.
Fue entonces cuando marcharon a la iglesia de San Pablo, donde coincidieron con el padre Gago, quien les enseñó “mucho”, entre otras cosas, a “armonizar canciones”, y fue allí donde, en 1972, fundaron Ara Pacis, el germen de lo que años después sería Tahona. La transición de uno a otro grupo surgió en el proceso de grabación de su primer álbum, cuando la discográfica con la que trabajaban (Zafiro, que dio cobijo en su sello a artistas como Los Brincos o Marisol) les aconsejó desvincularse de tintes religiosos en el nombre de la formación. Como recuerdan ahora los hermanos Rivera, fue gracias a un añejo callejero de la ciudad como dieron con el que sería su nombre definitivo: “Estábamos entre Rúa Oscura y Tahona, que finalmente fue el elegido”, recuerdan, antes de señalar como sus principales hitos internacionales, cuando representaron a España en el primer Festival Mundial de Folklore de Bogotá (Colombia) en 1986, o en el Festival de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), celebrado en Sidmouth (Inglaterra) en 1992.
Por su parte, Luis Antonio Pedraza rememora su recorrido hasta encontrarse con la flauta de tres agujeros, que considera ‘su’ instrumento: “Yo empecé con la trompeta y, casi a la vez, en la escuela del San José de Calasanz. Por las tardes estaba la Escuela de Folclore, de Zamora, donde me apunté a clases de flauta y tamboril porque era lo único a lo que me dejaban (por capacidad pulmonar, no me permitían aprender la dulzaina o la gaita). Cuando cogí la flauta de tres agujeros me di cuenta de que parecía que me estaba esperando, que ya estaba dentro de mí. Siempre tuve buena capacidad rítmica; me sentía muy cómodo y veía que avanzaba semanalmente a pasos de gigante. Era mi instrumento, sentía que había nacido exactamente para ello y que era lo que más me llenaba”.
Para él, “los sonidos del noreste son totalmente diferentes de los del resto de la península, sobre todo por esa riqueza organológica que tienen esos cantos tan variados. Ahí se mantuvo la pobreza y el aislamiento que tuvo esta zona”. “Los cantos tan antiguos, con tanta identidad y tan ricos, y sobre todo los instrumentos, son lo que nos diferencia de los demás. Tenemos una riqueza instrumental grandísima. El noroeste peninsular suena mucho a gaitas: tenemos la sanabresa, la gallega o la mirandesa en Portugal. En todo este cuadrante compartimos esa riqueza de los instrumentos de viento, dulzainas, flautas y tamboriles, que es totalmente diferente a la tradición de otras zonas de la península”, resume.



