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Martes, 2 de Junio de 2026

Marcos Giralt Torrente recuerda la memoria de su familia en su libro ‘Los Ilusionistas’

ICAL - El ganador del XV Premio Francisco Umbral al Libro del Año reflexiona sobre la mezcla de amor y resentimiento que existe dentro de cualquier familia

Marcos Giralt Torrentes convirtió ‘Los Ilusionistas’, obra ganadora del XV Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2025, en una profunda exploración de la memoria familiar, las heridas emocionales y los afectos heredados a través de generaciones. El autor así lo defendió en la 59ª Feria del Libro de Valladolid, donde aseguró que el verdadero centro del relato no es figura de su abuelo materno, el escritor Gonzalo Torrente Ballester, sino la propia familia.

Uno de los grandes ejes emocionales del libro son las mujeres de la familia: la madre, las tías, las figuras que sostienen afectos y silencios. El autor de la obra detiene la mirada en ellas, en sus gestos cotidianos, en su manera de vestir, en los pequeños detalles que revelan su personalidad o una forma de estar en el mundo. Giralt Torrente reconoció que fue su madre sobre la que “más le costó escribir”.

También reconoció que la relevancia pública de Torrente Ballester, su abuelo, condicionó parte del proceso de escritura. “Por desgracia, tengo que acarrear con la relevancia pública de mi abuelo y es un peso muerto”, lamentó. Por ello, decidió en numerosos casos utilizar iniciales para identificar a personas reales presentes en la narración. “Quería evitar que el apellido eclipsara el verdadero centro emocional de la novela”, explicó.

‘Los Ilusionistas’ evita cualquier visión complaciente del pasado y se adentra en las heridas, tensiones y afectos que atraviesan a cualquier familia. “La literatura tiene que ser una investigación de la condición humana, son sus luces y sus sombras”, aseguró. Procedente, según sus propias palabras, de “una familia de narradores orales”, explicó que buena parte del material emocional que sustenta la novela formaba parte de las historias que escuchó desde niño. Las cartas familiares incorporadas al relato sirvieron más para confirmar recuerdos que para relevar episodios desconocidos. “Constaté más que descubrí”, resumió.

Giralt Torrente rechazó la idea de que la escritura autobiográfica posea una menos dimensión literaria que la ficción. “La imaginación no es invención”, defendió. A su juicio, incluso cuando se trabaja con hechos reales. La literatura exige construir atmósferas, seleccionar escenas y elaborar una representación narrativa de la experiencia. “No escribí este libro porque me faltaran ideas sino porque estas historias tenían materia novelística”, concluyó.