David Arranz /ICAL - Exposición de Florencio Maillo en Escurial de la Sierra`Entre jardín y la Herida´
Sábado, 20 de Junio de 2026
Pincelada entre el jardín y la herida
Bajo la imponente mirada del Pico Cervero y las Quilamas, entre encinares y robledales, allí donde el jabalí campa sin remilgo, justo a medio camino entre el Campo Charro y la Sierra de Francia, se abre una ventana a la cultura con más de un centenar de recovecos inspirados por el sempiterno pincel de Florencio Maíllo. Esa cultura que hunde sus raíces en el medio rural y que viene a oponer resistencia al olvido y la fuga, a una galopante despoblación metastásica, de manido diagnóstico pero esquivo tratamiento.
Escurial de la Sierra, con apenas 250 habitantes, alberga hasta el próximo mes de noviembre una exposición única en la trayectoria del pintor mogarreño titulada ‘Entre el jardín y la herida’. Un centenar de cuadros, pintados a lo largo de tres décadas, que ofrecen un relato, siempre presente en la obra de Maíllo, entre la materia, el ser humano y la naturaleza. El más antiguo data de 1994 y los más recientes, como parte de su última serie, reformulan su pintura en este 2026.
En este último proyecto, Maíllo abre los armarios de su estudio para recuperar parte de su obra inacabada de los años noventa. Trazos de materia, donde la geometría es preponderante, y que ahora reutiliza incorporando un elemento discordante: la figura humana. “Entonces, aquí hay una mirada longitudinal desde los noventa, cuando yo muestro esos años desoladores de la cultura matérica, y en la que incorporo al ser humano en este momento histórico en el que asistimos a esa deshumanización que percibimos en las guerras”, explica el pintor a Ical.
Origen e infierno
Entre estos dos tiempos, el presente y los lejanos años 90, aparece una “pieza emblemática” en contraposición a dos series claves en la trayectoria de Maíllo. El concepto de jardín introducido por el Bosco, serie en la que trabajó en torno a los años 2016 y 2017; y el origen, representado por ‘La Encina de Los Arévalos’, una imponente obra de casi siete metros de longitud dedicada a un árbol singular situado a apenas tres kilómetros del municipio, causa de su emplazamiento, y en la que trabajó en plena pandemia, entre 2020 y 2022.
“Esto construye un relato transversal en el que la figura humana es muy importante en relación a las preguntas que yo siempre me he hecho en pintura. Esas tres pasiones para comprender cómo funciona el tiempo sobre las cosas y cómo, desde mi experiencia, esas imágenes se transforman para que haya una mutación sobre las propias preguntas que me hago. Pero, en el fondo, estoy trabajando con intereses que siempre han sido los mismos: el orden y el desorden, el paisaje y la memoria, lo que permanece y lo que se deteriora”, reflexiona el artista.
En esencia, es un tránsito entre el jardín y la herida. A la izquierda, el paraíso. Y a la derecha, el infierno. “Para mí tiene que ver mucho con cómo esas figuras que conocemos, que percibimos, que nos acompañan desde el Renacimiento, y que están asociadas al idealismo del hombre, a esa mirada antropocéntrica que va a resolver el mundo. Yo las arranco y las arrojo al infierno que estoy viendo en estas guerras contemporáneas, que me parecen absolutamente obscenas”, añade Maíllo acerca del concepto que trata de plasmar en esta serie.
Cultura y medio rural
El pintor de Mogarraz se muestra “especialmente emocionado” por realizar la muestra en pequeño municipio comparable al suyo. “Demuestra, entre comillas, que la excelencia cultural que nos encontramos en las grandes ciudades también puede estar en los pueblos. Y en una sala maravillosa, dignísima para un pueblo pequeñito, muy bien iluminada, con magníficas paredes y cuatro espacios conectados pero perfectamente divididos”, relata el autor.
“Esa conexión, y entendiendo mi vínculo con el medio rural y mi compromiso frente a la despoblación, estoy convencido de que la cultura puede convertirse también en una forma de arraigo y de esperanza para el futuro”, apunta Maíllo, citando al teórico del arte Fernando Broncano, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, y su concepto de los espacios intermedios, “donde realmente se está produciendo la cultura, fuera de los grandes círculos de poder, lugares de proyección y de conexión con la verdad”.
“Creo que el pueblo es un lugar muy digno donde todavía es posible producir pensamiento y mostrar belleza. Y por eso tenemos que reivindicar otra vez esa cultura vinculada con el mundo rural. Me gustaría pensar que ‘Entre jardín y herida’ no es solamente una exposición de arte, sino que tiene sentido en el medio rural y en conexión con la naturaleza, el medio ambiente y la vulnerabilidad del ser humano”, concluye.



