Miriam Chacón /ICAL - Rosi Prieto, guía del Museo del Pan, en la capilla de la iglesia de San Juan donde fue bautizado el patrón de Mayorga, Santo Toribio que ahora alberga este centro turístico
Jueves, 7 de Mayo de 2026
Valladolid, un paseo turístico por la historia de Occidente
Podrían apellidarse Claudius, Octavius o Aurelius, o quizás Horatius, Iustus o Vergilius. Pero el ‘nomen’ de esta familia romana, el compartido por todos sus miembros, es una incógnita. “No sabemos quiénes eran aquellos que aquí residieron, pero sí sabemos que estaban muy bien acomodados, eran de alto estatus”, apunta la directora del Museo de las Villas Romanas (MVR) de Almenara-Puras, en la provincia de Valladolid, Laura Martín, una especie de cortijo en el que llegaron a vivir alrededor de 200 personas y que estuvo habitada entre los siglos IV y V, posteriormente abandonada.
La riqueza de sus 400 metros cuadrados de mosaicos en buen estado y la magnitud de sus termas, que ocupan una cuarta parte del recinto, indican que era una residencia de lujo, incluida una posible relación con el emperador Teodosio I ‘El Grande’, nacido en Cauca en el año 347, la actual Coca (Segovia), a solo 15 kilómetros, y que fue el encargado de reunir las porciones oriental y occidental del Imperio, con lo que fue el último en gobernar todo el mundo romano.
Con esta visita a una villa romana del Imperio, descubierta a finales del siglo XIX y que recibió el impulso de la Diputación en los años 90, se inicia un paseo turístico por la historia de Occidente, que tiene protagonismo en la provincia vallisoletana, un crisol de culturas que atraviesa el mudéjar, que el escritor abulense José Jiménez Lozano definió como “una transacción o una ósmosis con lo islámico”, y que aterriza en la mezcolanza que supuso la Edad Media y sus imponentes castillos, como los de Fuensaldaña y Peñafiel, ahora Museo del Vino. “Puedes hacer un recorrido por la Historia sin salir en solo unas decenas de kilómetros”, apunta Martín a Ical. Coincide plenamente con Raymond Fagel, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Leiden (Holanda), uno de los mayores especialistas mundiales sobre Carlos V, y que señaló que Castilla, donde Valladolid ocupaba parte de su epicentro, “no era solo cristiana, era mucho más: era una puerta a muchos mundos diversos”.
Una villa cercana a Teodosio
“En esta villa vivía una familia en el más amplio significado de la palabra. Con varias generaciones de abuelos, padres, madres, hermanos y sus descendientes”, manifiesta Laura Martín, quien calcula que podían vivir dos centenares de personas entre la familia principal, sirvientes y esclavos. Contaba con una actividad principal, que era la agraria, pero también lanar, dada la alta cifra de pesas de telares que se han hallado de aquella época. “Lo que está claro, es que era una familia portentosa a nivel social y económico”, sostiene. Su cercanía con Coca le propiciaba ese estatus, y probablemente con el emperador Teodosio.
El acceso al agua se producía gracias al río Adaja, en una zona muy fértil gracias a las montañas abulenses. De hecho, esta característica ha motivado otras prospecciones arqueológicas en este área, lo que documenta la alta densidad de villas de época romana en la campiña, incluyendo restos de estructuras rústicas cercanas. Laura Martín añade que a solo un kilómetro y medio se pueden observar restos de otra villa, que bien pudiera haber sido propiedad de esta misma familia debido a una mudanza como consecuencia de los importantes problemas de humedades que tendría la infraestructura, y que perduran a día de hoy.
“Luchamos diariamente contra ello. De hecho, tenemos una bomba extractora a seis metros de profundidad que saca ese agua, que utilizamos para regar y que sale con una canalización en la que trabajamos hacia el Adaja”, comenta Diego Arranz, responsable de Mantenimiento y natural de la cercana Olmedo. Recuerda que de niño “iba a jugar” con sus amigos al yacimiento, cuando aún no estaba cerrado. Ahora este conjunto de 22 habitaciones, termas, salones con pinturas originales que simulan mármol y mosaicos espectaculares, entre los que destaca el de Pegaso, recibe 16.000 visitantes al año y es plató de producciones cinematográficas.
Viaje a un castillo… y al vino
Esa puerta a los mundos diversos a los que se refiere Fagel transporta a una época medieval en que, sin duda, el territorio de la actual provincia de Valladolid fue protagonista. El paisaje se sembró de castillos. Algunos de ellos, siglos después, se han convertido en centros de interpretación, como los de Fuensaldaña o Peñafiel, en el que se detiene este viaje con una sorpresa: el mundo del vino en plena Ribera del Duero.
Con 80.000 visitantes al año, este “buque insignia” ha sido “siempre el motor enoturístico de la zona”. El director del Museo Provincial del Vino, Víctor Fernández, explica a Ical que se ha creado un “ecosistema” que ahora conforman nuevos hoteles, restaurantes, casas rurales o alojamientos rurales en toda la comarca, y que “se llenan todos los fines de semana”.
“Es el ‘efecto Peñafiel’”, sentencia, un resultado al que ha aportado un importante granito de arena el Museo del Vino, que emplea a unas 15 personas, principalmente guías, que explican paso a paso los pormenores del Castillo, ahora propiedad del Ayuntamiento, pero cedido a la Diputación para su explotación como recurso turístico.
Pero esto no siempre fue así, y detrás de este proyecto reside el peso de la Historia. Sofía, una de las guías, relata a Ical cómo transcurrieron los años, pues en esta envidiada ubicación estrecha y alargada se erigió un primer castillo de origen árabe hasta 1013; reconquistado más tarde y transferido al infante Juan Manuel, que lo reedificó en el siglo XIV. Tras varios cambios de manos, finalmente el actual fue levantado en el siglo XV por Pedro Girón, de la casa de Osuna, que lo reconstruyó en diez años, siguiendo el modelo de la ‘Escuela de Valladolid’.
“Él vivía en su palacio, en el pueblo, y el Castillo lo tenía para su ostentación: celebraba recepciones, banquetes, fiestas…, aquí no habría más de 15 o 20 soldados vigilando, porque se levantó como fortaleza defensiva, pero por fortuna en ese periodo no fue necesario para ese fin”, comenta Sofía, quien abunda en la idea de que a Girón “lo engañaron” porque con su casamiento con Isabel I “le prometieron que era un posible rey, que nunca llegó”. Tras su abandono, en 1868 la Casa de Osuna cayó en bancarrota y el Ayuntamiento lo adquirió por un “precio ridículo”. En 1997 lo cedió a la Diputación, que dos años después abrió el Museo del Vino.
Santo Toribio y el pan
Otra de las patas es la iglesia de arte mudéjar de San Juan, en Mayorga. Siempre estuvo vinculada al mundo del cereal. Por ello su elección y restauración para albergar el Museo del Pan no fue baladí. “El pan es determinante del paisaje, generador de riqueza y cultura y elemento básico de la dieta diaria. Es el actor principal de este museo”, manifiesta Rosi Prieto, guía de la infraestructura, mayorgana de nacimiento y que expresa con emoción el contenedor en el que se encuentra.
Esta iglesia perteneció a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén hasta la desamortizacion de Mendizábal, y en ella fue bautizada Santo Toribio de Mogrovejo, patrón de la localidad, protagonista de la fiesta del Vítor cada 27 de septiembre. Ahora, el edificio, del siglo XV, y entrelazado con otro nuevo de hormigón, supone un homenaje a este alimento que ha acompañado al ser humano a lo largo de los siglos, pero que no olvida que en uno de sus ábsides se fabricaban también los pellejos para su afamada celebración.
El museo, que data de 2009 y al que entran 18.000 personas al año, avanza por un “viaje sensorial”, relata Prieto, que parte de los cereales y la molienda para obtener la harina. En el recorrido se explica la vida del molinero y los diferentes tipos de molinos, hornos y panes hasta la actualidad, e incluso incluye una degustación, junto a una amplia exposición y biblioteca, donada por Jesús Calaveras.
Abandonada desde hace mucho tiempo, la iglesia representa al mudéjar, ese crisol que no solo es arte, sino una unión de culturas y conceptos. “Aquí, es cereal, es pan, es tradición, es nuestro santo Toribio…”, enumera Prieto, quien menciona al que fuera arquitecto de la Diputación, Roberto Valle, ya fallecido, quien ideó una nueva estructura que “simula un silo con tres pisos”. Y todo ello dominado por el espacio donde se encontraba el antiguo retablo, que ahora acoge una exposición de ‘casuillas’ tradicionales, hábito que los sacerdotes ya prácticamente no utilizan, con detalles de trigo y cebada que, de nuevo, lo asocian al pan.



